Parece ser que se acabó la era Mou en el Real Madrid y no lo ha podido hacer de una forma más dolorosa. La final de Copa se perdió por muchas cosas, pero principalmente porque el fútbol es hacer, no merecer. Lo siento especialmente por Diego López, que merecía dejar su huella siendo partícipe en un título con el equipo de su vida y que en estos meses ha defendido la portería de una forma más que notable, pese a ser ninguneado y maltratado mediáticamente por tener la desgracia de ser del agrado del odiado Mourinho y dejar en el banquillo al niño bonito de la prensa española. Un ejemplo de profesionalidad y compromiso que quedará en el olvido de muchos. No en el mío.
El Real Madrid de Mourinho se ha quedado muchas veces en el "casi" estos tres años. Tres semifinales de Champions perdidas decididas por detalles y esta final, en la que habría sido difícil tener peor suerte. A este equipo le ha faltado una pizca de madurez para convertirse en legendario. Y suerte, porque con la suerte en contra es muy difícil ganar, y pocas veces ha estado de cara en los últimos tres años.
Pero esta no es la peor derrota del Real Madrid esta temporada. Ni haber perdido la Liga, ni la Copa de Europa. No, la mayor de las derrotas es haber perdido, como todo parece indicar, este proyecto. Doy por hecho que José Mourinho no continuará siendo el entrenador del Real Madrid y es normal, no tiene por qué aguantar tanto a cambio de tan poco. El acoso mediático al que ha sido sometido estos tres años es algo sin precedentes en el mundo del deporte. Vergonzoso, lamentable, vomitivo, repugnante. De vergüenza ajena. Y la pasividad del club ante esto, muy triste. Siempre le agradeceré haberme brindado los tres años de madridismo más salvaje de mi vida. Cuando llegó y vi su forma de hacer las cosas, tan distinta a la que nos tenía acostumbrados el Real Madrid en los años anteriores, pensé que significaría un cambio de rumbo, pero parece que sólo se ha quedado en un paréntesis.
Es como si este año el fútbol hubiese puesto a prueba al club. Un reto: "a ver si sois capaces de mantener vuestro proyecto y una idea que sabéis ganadora pese a terminar la temporada sin títulos". Haberlo hecho habría sido crecer mucho como club, pero no va a ser así. Si el Real Madrid quiere volver a ser lo que un día (ya por desgracia muy lejano) fue, tiene que plantearse muchas cosas. Institucionalmente no pintamos nada y no se hace nada por evitarlo. No se pueden consentir arbitrajes como el de ayer, y lo malo es que se han consentido muchísimos en los últimos años. No se puede consentir que los medios de comunicación tengan barra libre para despellejar a empleados del club públicamente y permanecer inmóviles mientras adoctrinan al sector manipulable de la afición, que tiene mención aparte y una gran parte de culpa en los males del Real Madrid. No se puede pretender crecer sin adaptarse a los tiempos. Fuimos el mejor club del siglo XX, pero llevamos 13 años en el siglo XXI y el fútbol, como el mundo, ha cambiado mucho. O evolucionamos o morimos, y por desgracia vamos más encaminados a lo segundo. Estos tres años hemos visto la luz, pero por desgracia cuando el sabio apuntaba hacia la Luna, la mayoría se quedó mirando el dedo.
Una lástima. Habrá que ver qué pasa ahora, pero no puedo evitar que la tristeza por el fin de un proyecto que sé que de haberse concluido en 2016 lo habría hecho triunfalmente, me haga ser pesimista. Han ganado los malos. El horizonte lo veo negro, ser del Madrid es levantarse siempre, pero si todo va por los derroteros por los que parece que irá, nos tocará revolcarnos mucho por el suelo.
Hecho por Martin Sosa

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